Sobre el libro "Una carta de Romeo para Julieta, la de los espíritus"
Por: Alfonso Chase Brenes
Con un prólogo de Lilia Boscán de Lombardi, se edita este libro, pequeño, de Carlos de la Cruz (Maracaibo, 1952), bajo el sello de Montemira, esa bella aventura editorial de Alicia Miranda Hevia. Es una corta carta de amor, en todas sus visiones y modificaciones, que tiene alturas, hondos recovecos, laberintos, pero sobre todo la claridad de quien responde a un reclamo interno, que es lo que nos interesa.
En el sentido epistolar mezcla la poesía, lo prosaico, más el valor simbólico, y real de que debe ser escrita con una pluma Mont Blanc, para darle un vestigio de lo real, que bien puede ser el asombro del escritor ante el recuerdo.
La carta es concisa: narra el encuentro de dos personas, mujer y hombre, con todo el sentido de lo personal y la belleza que tiene el vagar por extraños sitios, propicios al encanto, donde se forman las grandes pasiones, esas que se tornan eternidad. Es una carta con asomos poéticos. Originalmente fluyendo, del amante hacia la amada, con detalles, anécdotas y otras cosas. La sencillez excluye todo asomo de poesía rimbombante sino que la historia, la carta, los detalles, muestran las dos vidas unidas, de Carlos y Mari Paz, para leerse entre ellos primero, para ser convertido en palabras luego. La palabra es libre, coloquial cuando deja de ser misiva. Es simplemente una carta de amor. Poseída por el tictac de la vida. Un eco de un amigo lejano que nos llega en esta bella edición. Un asunto personal puesto al servicio de los ojos ajenos para que pueda ser compartido. Una escultura de palabras para fijar, en el tiempo, un amor que merece ser tan real como la vida misma. Extraño texto de alguien que vence a la muerte con el amor. Como debería ser siempre.
Publicado en La Prensa Libre, Suplemento Abanico, página 6, del jueves 24 de junio de 2010. |