Este libro de la investigadora costarricense Alicia Miranda Hevia, viene a colocar en la mano de los lectores de Nuestra América la historia de la actividad, tradición e ideas de un movimiento relativamente desconocido entre nosotros, cuyo principal realizador es Guy Debord, el ya célebre autor de La sociedad de espectáculo. Se trata de la Internacional Situacionista y luego, simplemente de los situacionistas. Una élite de autoelegidos, de conjurados en la mejor tradición del movimiento revolucionario europeo, que toma la decisión, bajo la batuta de Debord, de erigirse en centro de pensamiento del movimiento obrero mundial.
Debo decir que El segundo movimiento es una obra de historia del pensamiento, de realización como literatura política, con complejidad intertextual en que la guía de Altazor, de Vicente Huidobro, el más ‘hermético’ de los poemas de la lengua castellana, adquiere vida propia para el lector. Vicente Huidobro se incorpora de la mano y el talento de Alicia Miranda, en la corriente revolucionaria, con una eficacia tal que no requiere renunciar a su fidelidad sino que encuentra su mejor realización. Vanguardia literaria y vanguardia de la política van a entrelazarse y le permiten al libro de la costarricense, establecerse en nuestra sensibilidad, a la manera como Braulio Arenas, en su prólogo a las Obras Completas de Vicente Huidobro, afirma a propósito del Altazor: “La historia contada en siete cantos de la palabra humana vuelta verbo poético.”
Se trata de liberar al grande poeta creacionista de la cárcel en que los críticos que lo han mantenido sin comprenderlo. Al que escribió en su hora 1924 Elegía a la muerte de Lenin. Pero liberarlo no para simplificarlo, sino para interpelar con sus voces nuestro tiempo, ya de por sí complejo e incierto.
El segundo movimiento pasa revista a escritores y revolucionarios marginados y perseguidos por las maquinarias del capitalismo y la burocracia stalinista y que sin embargo merecen ser revisitados y ponderados. Ellos forman parte de una gran tradición, de una memoria que hay que volver a recordar, porque en su lejanía y precisamente por ello tienen todavía que decir: Boris Souvarine, Ante Ciliga, George Orwell, Bruno Rizzi, Franz Bokenau. La publicación de Christian Rakovsky, Potlatch de la Internacional Letrista, es reseñada como antecedente del situacionismo.
De manera especial forma parte de la tradición emancipadora con sus acentos propios Raya Dunayevskaya la autora de Marxismo y libertad y de una evaluación sobre la represión del gobierno de Lenin y Trotsky al levantamiento de Cronstadt, en términos diferentes a la de oposición radical que la autora de El segundo movimiento erige en la tradición de notables críticos situados a la izquierda de la izquierda de Raya Dunayevskaya.
De mi parte creo que la forma como Alicia Miranda despacha el asunto del papel de León Trotsky en la historia de la revolución rusa y su importancia en las ideas marxistas es ligero a fuer de equivocado. Trotsky al igual que Lenin se equivocan varias veces y en materia grave, pero ello es otra cosa.
Se exhibe innecesariamente una fobia, para muestra un botón: “En octubre llegó a San Petersburgo el movimiento huelguístico; se constituyó un Soviet de delegados para dirigir y coordinar las huelgas. Aquel fue precisamente el Soviet que Trotski dirigió. Pero Trotski no hizo más que unirse a él. No lo creó. Los trabajadores fueron sus creadores.”
Bueno no hay una sola línea de Trotsky sobre el Soviet de 1905 que no destaque que precisamente los Soviets son la gran creación y aporte de las masas trabajadoras rusas. Igualmente, creo que en la discusión sobre la concepción de la burocracia stalinista una revisita a La Revolución Traicionada daría un mayor esplendor a su comprensión. Soy francamente escéptico sobre la valoración que a la práctica e importancia en el movimiento de masas tienen las ideas situacionistas y muchas de sus valoraciones. La lectura de esta obra me deja la sensación que la acompaña un mesianismo fuera de época.
Pero no quiero disminuir la importancia que tiene el libro que comento, y que adquiere su momento crucial en la síntesis de las posiciones y programas del situacionismo y de las ideas de su principal inspirador Guy Debord. No voy a insistir sobre los hitos que con acierto va a presentar Alicia Miranda, sino decir que más allá de las distancias críticas que tengo, y señalé algunas, la importancia de ideas centrales sobre la sociedad capitalista contemporánea que los situacionistas desarrollan y que Debord teoriza principalmente en La sociedad del espectáculo, debe enfatizarse. Esta obra forma parte de lo mejor de la crítica al capitalismo histórico, a las nuevas formas de dominación. Habrá siempre que meditar en la paráfrasis de Debord al inicio de El Capital y que él realiza para comenzar su obra: “La vida entera de las sociedades en las que imperan las condiciones de producción modernas se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo directamente experimentado se ha convertido en una representación.”
Alicia Miranda. El segundo movimiento. Buenos Aires: Librerías Santa Fe, 2005, 203 p.